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blog de anima kosmos

Estos días en que no me has leído, he estado poniendo cariño y abrazo y escucha dentro. Porque si no me doy a mí primero, no puedo darte a ti. O te lo daré esperando algo. Necesitando algo. Y sí, estos días he estado necesitando. La removida bajo mis pies y a mi alrededor ha sido – está siendo – inmensa a nivel personal (el nivel colectivo nos toca a todos).

En menos de medio año se sumaron dos mudanzas, proyectos profesionales cancelados, menopausia en ciernes, empezando Anima Kosmos, mi madre diagnosticada con covid a 4000km (está bien, uffff ella es muy dura, en muchos sentidos, pero el susto lo tuvimos)… y la separación de mi pareja de 9 años, la razón principal de que me viniera a la isla bonita de La Palma.

Y como soy de las que siente y piensa que si se remueven las cosas, hay trabajo que hacer, a todo esto me metí a mucha transformación y sanación personal. Los vínculos, las relaciones, son lo que sustenta el tejido de todo, somos en relación, y cuando esos se rompen, o se transforman, de la manera que sea, duele. Y es normal que duela.

Por eso hablamos del duelo, ¿cierto? No del sonríe-anímate-y-alegra-esa-cara. Nos permitimos doler. Necesitamos permitirnos doler. No circulen circulen que aquí no ha pasado nada, pisando la oreja recién seccionada para que nadie la vea.

El dolor duele. La tristeza, la rabia, la impotencia, la frustración… necesitamos poder sentirlos. Y expresarlos. Expresarlos de forma segura, que alguien nos coja la mano y simplemente esté ahí, chimpum.

Qué miedo le tenemos a las lágrimas. Cuánto dolor tenemos dentro como sociedad, todos, para temerles a unas pequeñas gotas de agua que se deslizan mejillas abajo (con algún moco de vez en cuando, también, cierto). Y no atrevernos a estar ahí, acompañando el dolor ajeno. Y el nuestro, que acaba emergiendo también. Quizá sea eso lo que nos da tanto miedo…

Así pues , esto es, en gran parte, lo que he estado haciendo estos días yo.

Acompañándome a mí misma. Sosteniéndome, abrazándome, cuidándome. Enraizándome. Permitiéndome. Abriendo la compuerta a las emociones, las que se han movido ahora, y todo el chorro que llevaba tiempo estancado, necesitando salir y transformarse en luz.

Porque, a fin de cuentas, las emociones son luz. Energía en movimiento. Aunque no te acuerdes de eso cuando estás tirada en la alfombra, sollozando, hecha un ovillito. Claro.

Y quizá en este año y medio, o seguro en algún momento de tu vida, hayas tenido instantes así. Aunque no fueran en la alfombra, pero sabes de lo que hablo.

Por eso también me desnudo contigo. Porque ya avisé que soy dada a estas cosas, y porque nos ayuda vernos reflejados. Vernos en relación.

Que tu dolor es mi dolor, y es el dolor del mundo. E importa.

Tú importas.

Mañana cumplo 46 vueltas al sol. Y esta carta es mi regalo, para ti.

Para mí, es un tremendo cambio de ciclo. Mi padre se murió antes de cumplirlos. Yo siento que muchas partes de mí han muerto desde el 21 de mayo anterior. Ahora estoy escuchando, incubando, esperando, regando… porque las muertes forman parte del ciclo, y tras ellas hay nacimiento.

Quién nacerá de todo esto, es una sorpresa. O no del todo. Tengo mis sospechas. Creo que, como las libélulas, es una evolución hacia más luz. Más transparente.