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blog de anima kosmos

¿Sabéis? Yo también he estado ahí.

He estado en la pérdida de un ser querido. En el dolor, la pena, la impotencia, la traición, el abandono. En las lágrimas interminables, en los recuerdos, en la necesidad palpable de un último abrazo. He estado ahí.

He estado en la relación que te empequeñece. En la que usas como excusa para no ser feliz, para no crecer, para no brillar. En la que pretendes salvar al otro cuando no hay nada que salvar, aunque al final quien acabe en el fondo del pozo seas tú misma. En el apego, en la dependencia de una sensación de compañía. He estado ahí.

He estado ahí en el trabajo que paga las facturas de fin de mes, y basta. En la seguridad a cambio de los talentos, en la estabilidad en aras de un futuro que no sabes si llegará, en la pérdida de sentido, en la ocultación de los propios valores, en la rutina, en el gris que se apodera de cada mañana cuando no haces lo que te apasiona. He estado ahí.

He estado ahí en la deuda. En el encontrarme en números rojos y dependiente de tarjetas de crédito para sobrevivir, en un bucle sin fin. En la vergüenza de no poder tirar adelante. En el temor a la escasez, en el desmorone de los cimientos materiales, en el tanto vales tanto tienes tanto eres. He estado ahí.

He estado ahí en la depresión. En el miedo a morir, y en el miedo a querer acabar con todo. En el pánico a volverme loca y perder mi único asidero a la realidad. En la necesidad desesperada de un asidero de comprensión para sacar la cabeza del agua y respirar de nuevo. He estado ahí.

He estado ahí en el miedo al cambio, en el temor a afrontar lo desconocido. En la culpabilidad, la propia y la absorbida de otros. He estado en la imperfección, y en el perfeccionismo. He estado en la crítica, cuando lo que criticas realmente te lo estás sustrayendo a ti misma. He estado ahí.

He estado ahí en la búsqueda continua, incesante, de algo, de algo más. En la búsqueda de sentido. En el ser demasiado, y no ser lo suficiente. En la lucha desesperada por agradar a los demás sin tenerte en cuenta a ti misma. En la ansiedad de no tener el control. En el encontrarte perdida, sin saber qué dirección tomar, cuando en ocasiones lo principal es seguir andando. He estado ahí.

He estado ahí en el miedo a mi unicidad. En el pánico a mi propio brillo, ese que en el fondo nos da más miedo que ser mediocres, ese que creemos no merecernos, ese que nos paraliza más que lo conocido.

He estado ahí en la noche oscura del alma. En la incubación, en la negrura tranquila y expectante, en el tiempo de transformación. He estado ahí. Una parte mía sigue ahí, metamorfoseándose en lo que ya es y ha sido siempre.

He estado ahí en el desnudarse públicamente. En la verdad, al menos la propia. En las sacudidas, en la vergüenza, en la vulnerabilidad. He estado ahí. Desde ahí os escribo. Porque mi vulnerabilidad conecta con la vuestra. Porque en lo que leáis algo puede que resuene con vosotr@s y os sirva de ayuda. No porque me conozcáis mejor, sino porque de hecho os conozcáis mejor a vosotr@s mismos.

He estado ahí en el amor. En el AMOR, el de las mayúsculas, ese. En la alegría, en la belleza, en la gratitud, en la confianza, en el coraje. En la creación continua, en la abundancia, en el juego. En las pequeñas cosas y en las grandes. En el cambio. En la luz, en mi propio brillo. Elijo estar ahí. Elijo andar ese camino. Elijo vivir esa historia.

Estar ahí es vivir el cambio. Es ser conscientes de lo que hemos aprendido. Es experimentar con nuestra propia vida.

¿Dónde habéis estado? ¿Hacia dónde queréis caminar? ¿Dónde, hoy, elegís estar?